Parejas liberales y swingers
Abriendo nuevas vías
 
Bienvenido a mi Blog
Vista con Título | Refiere un Amigo |
-- Escapada --
Publicado en:6 Agosto 2020 4:30 am
Última actualización en:7 Agosto 2020 5:16 pm
33 vistas

-- Escapada --

Hacía tiempo que había descubierto este lugar y tenía unas ganas terribles de una escapada de fin de semana. Una de esas en las que dejas de pensar, olvidas las preocupaciones y obligaciones del día a día, el trajín cotidiano, incluso te olvidas del mundo. Liberarme de todos esos lastres que a todos nos atan a la realidad sin remedio y apenas dejan hueco para que una despegue, separarme de la cotidianidad y ser consciente de mi misma, ser solo el centro de mi mundo. Este entorno invita a que una solo pueda pensar en no pensar, rodeada de una esplendorosa y bucólica naturaleza, en mitad del campo asturiano, donde abrir la ventana y llenarse del paisaje invita a respirar profundamente y sentir dentro de ti la misma libertad de la naturaleza.

Lo que nunca imaginé es que llegaría aquí con esta compañía. Acompañada sí, de un príncipe azul, apolíneo, pero luego la vida te va enseñando lo decepcionantes que resultan los que lucen como hermosos príncipes y con trabajo te muestra que existen maravillosas ranas, dueñas de su particular principado interior, a la espera de ser besadas. Porque no es Apolo, ni un joven príncipe, es una ranita calva peluda, ¡qué contradicción!, que con insistencia y dedicación, fue sembrando un reguero de palabras que terminaron por germinar y llenar de flores mi jardín, y quien se resiste a un jardín lleno de flores. Y me ha hecho sentir mi cuerpo como nunca antes lo había hecho nadie, y menos aún aquellos que parecían príncipes azules y que siempre pensaron primero en ellos mismos. Y también tiene sus lastres, muchos más que yo, además de la distancia tiene una vida que todavía no se siente capaz de abandonar. A pesar de ello, sin saber a dónde puede llevarme, no puedo evitar convertirlo en mi amante, hacerle un hueco en mi vida y buscarnos.

Sin embargo, este fin de semana y este lugar son precisamente para dejar todos los lastres fuera y dejarse llevar. Y eso hemos hecho ambos, aquí estamos para no pensar más que este momento y dejar que fluya y suceda entre ambos lo que dicte el destino que nos ha hecho unirnos, sea una casualidad o un plan secreto de las cosas.

Y eso es lo que he hecho nada más abrir los ojos, me he dejado llevar, primero a la ventana para llenarme del espíritu de paz y libertad que como una fragancia emana de este paisaje. Después, regenerada por este espíritu y llena de deseo busco a mi amante, mi particular ranita. Busco su sexo que todavía dormido, igual que él, no parece ese órgano vivo y pletórico que luego colma mi deseo. Lo tomo en mi mano y siento su debilidad y fragilidad, igual que siento en la otra mano el calor de sus huevos. Comienzo a jugar con él, lo desnudo, bajo la piel, el prepucio que ahora parece más un pellejo, y descubro el capullo, y acaricio con dos dedos alrededor, lo tanteo con mi lengua y voy sintiendo como va despertando, como florece titubeante a la vida igual que una flor en esas imágenes aceleradas a cámara rápida, ganando fuerza poco a poco conforme hacen efecto mis caricias. Solo de imaginarla en su plenitud ya me excita, y siento como se erizan mis pezones al rozarse contra las sábanas.

Paso mi lengua alrededor del capullo y subo hasta la punta, lo lamo, lo saboreo, siento el sabor que entre ambos dejamos anoche en su piel, y lo siento cada vez más duro y excitado en mi mano y en mi lengua. No abre los ojos, no dice nada, se deja hacer, pero la excitación llena su polla y su cuerpo. Me gusta que se deje hacer, y yo juegue a mi antojo con su rabo. Siento como me mojo de excitación. Ahora la atrapo entre mis labios, hago que llene mi boca que saliva de excitación, y jugueteo con mi lengua cuando la tengo dentro de mi boca. Aprieto mis labios alrededor del capullo y succiono, lo chupo con pasión y deseo, y saboreo las primeras gotas que se le escapan. Las lamo y me relamo, y hago que sienta toda mi lengua en su polla que ahora esta firme y dura como un mástil. Me detengo, me deleito con la visión de mi juguete, brillando por la saliva y el preseminal que lo empapa, antes de volver a la carga y devorarla con el deseo de un náufrago hambriento y sediento. Sólo deja escapar una respiración más intensa, más profunda. Y repito este sensual juego hasta el límite, lo conduzco hasta el precipicio del éxtasis y al borde del abismo, a punto de caer, lo rescato en el último instante, demorando el estallido de placer para hacerlo aún más sublime.

Su silencio y pasividad, se interrumpe cuando por fin lo dejo caer a este abismo, y a punto de estallar deja escapar un gemido. Como un geiser se vacía contra mi boca, no me detengo, y sigo lamiendo y chupando, y por tres veces, en tres golpes de diferente intensidad y fuerza, se derrama sobre mí, llena mi boca y mi mano de su sagrada leche que quiero creer solo merecemos unas pocas elegidas. Saboreo mis labios mientras llevo mis dedos mojados a su boca, y cuando siente las yemas de mis dedos mojadas los mete en su boca y los chupa con el mismo deseo de mi boca sobre su polla. Y siento ahora mi cuerpo ardiendo de deseo. No dice nada, pero sé que en cuanto menos me lo espere seré yo la que caiga a otro abismo, chorreando y exhausta, una caída sin lastre, a un pozo sin fondo de gozo que durará todo el fin de semana.

.
3 comentarios
-- Después de la tormenta --
Publicado en:27 Julio 2020 3:59 pm
Última actualización en:6 Agosto 2020 4:30 am
145 vistas

-- Después de la tormenta --

Acabo de abrir los ojos y el resplandor de la claridad del sol, ya en lo alto del mediodía, se cuela con fuerza bajo la persiana a media altura cegando la mirada. Sin embargo, me siento como si me hubiera enfundado en un cuerpo rejuvenecido, descansada, relajada, no sólo físicamente sino también mentalmente. En el estado en que me fui a la cama anoche no podía imaginar que acabaría durmiendo tan larga y profundamente, la primera después de unos días y noches muy difíciles...
Difíciles por ese dolor que se ha quedado anclado dentro de mí como una espinita y cuando una cree haberla olvidado te da una punzada, otra más, para recordarte que sigue ahí. Y sí, tiro para adelante, porque el mundo es de los que están aquí pero todavía el recuerdo es muy cercano, y hay momentos en que parece que nada sucedió, que fue un sueño, y la sorpresa de la noticia me sigue asaltando y alterando. Y si en algún momento me pudiera dejar llevar y me cubriera de un manto de lágrimas, me aliviaría, pero no es este un clavo ardiente que te duele y hasta te parte el alma pero puedes arrancar; es un espinita invisible con su jode jode, su viene y va, que me apesadumbra el alma pero no me da para llorar.
Días complicados en el trabajo, donde no terminaba de concentrarme y hasta la tarea más rutinaria y automática se me hacía profundamente cuesta arriba. Absurdamente, en este mes de julio sin Tour de Francia, me sentía como el ciclista que atacado por una pájara en la etapa más importante ve como sus pedaladas no tienen la fuerza suficiente y se va quedando atrás sin remedio, como la carrera se acaba para él mientras el resto de corredores se va perdiendo a su frente.
Y días, pero sobre todo noches, difíciles por el calor asfixiante que ni siquiera da tregua al caer el sol. Noches de calor, de sopor, cansinas, que me agotan pero no me dejan dormir ni descansar. Doy mil vueltas en la cama, me acuesto desnuda y me vuelvo a poner el camisón, me levanto y voy por agua, me mojo la cara e incluso me ducho otra vez, hago que leo un libro o busco algo aburrido en la tele, pero ni por esas. Todo da igual, y si acaso duermo algo hasta el sueño es cansado, y no me despierto en paz y descansada. Hasta parece que siento el runrún de mis pensamientos girando frenéticamente alimentados con más energía por el calor como agua hirviendo

En otros momentos, cuando siento que no va a llegar el sueño, arrastrando las preocupaciones del día, la estupidez del mundo, o el enésimo gilipollas (me gusta hablar bien, con propiedad y sin malas palabras, que decía mi madre, pero qué bien me sienta soltar alguna cuando es la más apropiada) al que no debería haber hablado nunca, no hay nada como un buen meneo en el coño y extasiada caer en un profundo y placentero sueño. Primero un baño antes de irme a la cama, para limpiarme y sentir todo el cuerpo, lo enjabono y lo acaricio, hasta hacerme de nuevo consciente de todo mi cuerpo. Secarme después frente al espejo y sentirme hermosa y deseada, sensual como me repite mi escribano, y no le falta razón, este cuerpo rebosa sensualidad y más aún cuando unas manos lo recorren. Mis manos en este momento, las que mejor lo conocen. Y así desnuda frente al espejo, embadurnarme de body milk, mi particular leche de burra, repartirla por todo mi cuerpo, sentir la suavidad en mis propias manos lubricadas por la crema, el cuello, los hombros, los brazos, las piernas: subo desde el tobillo, la pantorrilla, torneando los muslos hasta las caderas y las ingles, hasta que se absorbe toda la crema y siento la piel tersa y suave, el culo, el vientre, relleno cualquier estría real o imaginaria, como si pudiera borrarla, sigo por el pecho, las tetas, las unto bien con mucha crema, las acaricio, las agarro, las exprimo, las sobo, las aprieto entre mis manos, como si fueran las manos de otro. Y siento mis pezones endurecerse, los acaricio entre mis dedos, los aprieto. Bajo entonces una mano hasta sentir la suavidad de mi pubis, recién depilado, mientras noto como se va mojando mi coño por dentro sin haberlo rozado todavía. Entonces me dejo caer en mi cama, y dejo sentir en mis dedos toda la humedad del coño, lo froto, lo acaricio, meto uno, dos dedos, y al sentir mi clítoris durito y excitado, mi pepita de oro, lo froto entre mis dedos untados de mis propios fluidos. ¡Qué sensación! Y cuando me siento bien mojada y lubricada por dentro, me lleno el coño con mi polla violeta, la amiga que nunca me falla, y no dejo de frotarme con la otra mano hasta que siento mi coño derretirse y me tiemblan las piernas, hasta que no me quedan fuerzas para seguirme tocando. ¿Existirá algún hombre capaz de follarme y hacerme sentir tan bien como lo hago yo? Si lo hay, todavía no lo he encontrado. Entonces, extasiada y casi sin fuerzas, cierro los ojos, dejo fluir mi cuerpo, me voy olvidando de él, me olvido del mundo a mi alrededor y me quedo profundamente dormida.
Pero hoy no, esta semana no, este calor, y la espinita con su jode jode viene y va, hasta me quitan las ganas de darme un gusto al cuerpo.

No podía imaginar cuando al acostarme el calor me aplastó contra la cama que esta noche sería distinta. Algo cambió en mitad de la noche. Llegó como el viento salvador que rescata a un balandro atrapado en una interminable encalmada. Se atemperó el calor, se levantó una brisa que fue barriendo el sopor que lo invadía todo, limpió el aire, el cielo y hasta limpió mi mente. Hasta siento que hizo desaparecer la espinita, o al menos apaciguó su jode jode por un rato. Y me quedé profundamente dormida. Menos mal que hoy no trabajo, pues era tanta la necesidad que tenía de dormir, de dormir bien, que he dormido toda la noche y casi toda la mañana de un tirón.
Ahora, con la placidez de sentir cuerpo y mente descansados, me estiro en la cama, siento mis músculos estirarse, mi cuerpo renovado, estiro y luego acaricio el cuello con mis manos, los brazos, las piernas. Y noto como las sábanas arrugadas han dejado marcado el muslo izquierdo, más rayas, como si no tuviera bastantes, al menos estas desaparecen. Me siento tan a gusto que he decidido hacerme algunas fotos para el blog, para el blog y para mí, en realidad para mí, ya veré si al final subo alguna. Hoy a la fuerza tienen que salir perfectas. Lo único, pienso, voy a cambiar el ángulo habitual para que no salgan las marcas de las sábanas en la pierna. ¡Al carajo! El ángulo bueno y que luego cuando la vea recuerde lo bien que he dormido hoy. Busco el móvil en al mesilla, y antes de subir la persiana para ajustar la luz y empezar mi particular sesión echo un ojo rápido a las notificaciones de mi yo Brujita, mi pequeño mundo privado. El mundo oficial lo dejo para después de comer. Los nuevos seguidores, pocos esta semana, los "me gusta" habituales, y hoy me sorprende un mensaje de mi escribano particular, me envía un correo. No puedo resistirme a esperar, y aparco por unos minutos las fotos para ver que me ha escrito esta vez. No es un Gabo, ya quisiera él, ni ningún mago de las palabras, sin embargo, no sé cómo lo consigue, pues apenas conoce nada de mí, pero siento que siempre me conmueve: o me toca la fibra sensible en la que me siento retratada, o me dispara la libido, me excita, a veces las dos cosas. Es verdad que apareció en un momento en que me sentía frágil y casi cualquiera me podía haber conmovido, pero este "cabrón" sigue insistiendo, con su particular estilo y su tempo tan irregular, y sigue acertando siempre. Aunque parte del mérito tendré que adjudicármelo, que bien que le lubrico la inspiración.

Termino de leer. ¡Uuff! Tengo mi mano izquierda dentro de las bragas, y me siento el coño hinchado y mojado. Saco la mano y me llevo dos dedos mojados a la boca, los chupo, saboreo el fruto de mi excitación y la vuelvo a llevar al coño que me está pidiendo más. Bajo la vista y veo los pezones marcados contra la tela del camisón, dejo caer el móvil que ya no me sirve de nada y acaricio con mi mano derecha las tetas sobre el camisón, siento los pezones ardiendo, y después la llevo sobre las bragas encima de la mano izquierda. Y la aprieto contra mi coño, la hago golpear como un pequeño ariete contra mi pepita de oro, mi clítoris inflamado, y busco con los dedos dentro de mi coño mi punto más débil. Cierro mis piernas, me hago un ovillo, y sigo presionando con ambas manos. Muerdo mis labios hasta que no puedo más y entre espasmos dejo escapar una ristra de gemidos, y aullidos que asustan al pobre gato. Me quedo tumbada, estirada, una mano todavía bajo las bragas, y sacudida todavía por pequeños espasmos. Otra vez a poner sábanas limpias, pienso. Me corrijo y lo borro, estúpido pensamiento para este momento.

Después de ducharme contesto a mi escribano: "Me encanta", le doy las gracias y pego besos y corazones. Presiento que le hacen ilusión y eso que no sabe cómo he terminado, nunca se lo he confesado. ¿Se lo imaginará? Yo tampoco sé nada de él y todavía no me atrevo ni a contarle mucho más de mí, ni a preguntarle nada sobre él. Me intriga, mucho sí, pero tampoco quiero romper el encanto de este misterio, ya veré.
Más tarde le enviaré una foto de las que me haga ahora, me haré una especial para él y su inspiración.

.
5 comentarios
-- Tentación --
Publicado en:22 Julio 2020 1:36 am
Última actualización en:4 Agosto 2020 5:27 pm
171 vistas

-- Tentación --

Reviso tus fotos, algunas de las que tienes publicadas en tu blog pero sobre todo las que me has enviado que siento como si sólo las hubieras hecho para mí y nadie más, salvo tú y yo, fuera a verlas. Y es tentador y fascinante a un mismo tiempo.

Fascinante porque la belleza y sensualidad de tus fotos, profundamente personales, una cara de tu yo más íntimo, la belleza y sensualidad de tus fotos atrapa. Como le atraparía a uno una constrictora que se enreda en el cuerpo de su presa sin posibilidad de escape, y en ese momento no hay más mundo que el que existe en esos cuerpos que se van fundiendo en uno.

Fascina y atrapa la verdad de tu sonrisa, porque se siente una sonrisa que sale desde dentro y con esa verdad íntima e interior ilumina tu rostro, y también ilumina y baña de optimismo a quien la recibe. Como fascinante es la luz que baña tu cuerpo y tu piel, creando juegos de luces y sombras que a un mismo tiempo te hacen más divina y más humana. Luz, luces, que te aporta un brillo y un halo de divinidad hasta hacerte perfecta e inalcanzable cual divina Venus retratada. Las sombras te llenan de realidad, de carnalidad, dibujan líneas y volúmenes, formas y texturas, que resaltan tu terrenidad y tu femineidad. Y de pronto, la intensidad de tu mirada, misteriosa y huidiza como exige el entorno, pero un regalo cada vez que se descubre un matiz. Un regalo que muestra a una mujer real, tal cual es, tan sencilla y tan compleja, consciente de sí misma, dispuesta a quererse y ser querida, a ser admirada.

Y tentador. En la carnalidad de tus labios, esos mismos que conforman fascinantes sonrisas, pero son capaces de los más tentadores besos, esos labios que se entreabren y mordisqueas pícaramente como una llamada a la rebelión, que esconden una lengua que espera su momento para ser protagonista, o sellan suaves mordiscos.

Siempre tentador, porque mientras recorro tus imágenes casi puedo sentir la dulce tentación del contacto de tu piel, del roce de tus labios, de sentir tu mirada sobre mí y de captar en mi mirada, y retener en mi mente, cada detalle de tu cuerpo. La tentación de ir desnudando tu cuerpo, retirar cada capa de tela, que sientas como se desliza sobre tu piel mientras resbala y cae al suelo, y como un antiguo fotógrafo bajo la luz roja ir revelando poco a poco los detalles de tu cuerpo, hasta mostrarlos a la luz y a mis ojos. Así hasta que la única prenda sobre tu cuerpo sea tu collar de cuero y tirando de la argolla te atraiga hasta mí. Y caer en la dulce tentación del sabor de tus besos y de tu cuerpo, del olor de tu cuerpo, una suave y dulce fragancia recién salida de tu bañera, que se transforma en intensa y pasional cuando tu cuerpo estalla fruto del deseo y destila sus esencias más íntimas e intensas. Igual que una flor coquetea con sus aromas para ser polinizada, se abre tu flor y derrama sus aromas y su néctar. Y bulle tu cuerpo, transpira, y se perla de gotas de esencias.

Tentadora y fascinante. Siempre.
5 comentarios
-- Noche de Verano --
Publicado en:8 Julio 2020 1:51 am
Última actualización en:31 Julio 2020 4:48 am
208 vistas

-- Noche de Verano --

La tarde de lluvia arrancó intensa pero resultó muy corta, demasiado corta, y en lugar de traer como en tardes anteriores un frescor que aliviara el descanso nocturno, tuvo ese efecto perverso de incrementar la humedad del aire y brindarnos con una insoportable noche de calor húmedo, ese calor que se pega a la piel, a la cara, como un pedazo de tela mojado en agua tibia y produce una terrible inapetencia y sopor que te deja sin fuerzas. En tu caso, ese sopor no se traducía en una llamada al sueño sino justo todo lo contrario: una rebelión en forma de indoloro pero mentalmente agotador insomnio.

Optaste por quedarte recostada en el sofá, casi abandonada de ti misma, y ver si encontrabas alguna forma de burlar ese hechizo que te había conjurado a una noche en vela. Primero con la táctica pasiva de la televisión y una interminable sucesión de capítulos de una serie de moda. Después, intentando centrarte en la lectura de una novela que te había recomendado con mucha pasión una de tus amigas pero cuya trama no terminaba de cuajar y ni te atrapaba para sacarte del letargo de inapetencia, ni te aburría lo suficiente como para arrastrarte a los brazos de Morfeo, aunque fuera sobre el sofá. Todavía con la duda de si era mejor cambiar de asesora literaria, como amiga todavía merecía la pena conservarla, o simplemente abandonar la novela, cambiaste la estrategia y te fuiste a recostar a la cama. Eso sí, antes de ir a tu dormitorio recorriste toda la casa para apagar luces y cerciorarte que las ventanas estuvieran bien cerradas, mientras pensabas que quizás un buen orgasmo que te dejara exhausta y complacida podría ser el mejor remedio para llevarte después al sueño, sin embargo esa noche ni siquiera el deseo llamaba a tu mente ni a tu cuerpo.

Al entrar, dejaste un vaso de agua sobre la mesilla y lo cambiaste por el móvil para darle una repaso a las posibles novedades de las redes sociales. Recostada de medio lado ibas deslizando el dedo con desgana sobre la pantalla sin que nada captara demasiado tu atención. Apagaste la luz, te recostaste boca arriba sobre las sábanas y cerraste los ojos, no sin cierta desgana, tratando de convencer al sueño de que era su hora aunque solo fuera por la fuerza de la costumbre. Apenas habías apagado la luz cuando llegó un aviso al teléfono. En otra ocasión lo habrías ignorado, incluso no lo habrías escuchado en lo más profundo de tus sueños, pero esta noche cualquier cosa podría traer un consuelo a la insomne desvelada. Era un correo de tu estimado gachupín que respondía a tu última foto con otra de esas historias que tanto te hacían sentir. Historias que te insuflaban de vitalidad y nuevas perspectivas cada vez que llegaba un correo con una nueva historia, o simplemente intercambiando intensos mensajes en el chat de la plataforma donde tu subías tus fotos, y el comenzó a escribirte un día. Cómo en otras ocasiones unas formales y agradables palabras de presentación en el correo, y un adjunto con la historia. En ocasiones te preguntabas si realmente serían el mismo, el hombre formal que redactaba los correos y te imaginabas con traje y corbata y que todavía te preguntabas porque te escribía a ti personalmente aquellas historias, y el hombre que con apasionadas y voluptuosas palabras desataba y encendía tu deseo como hacía mucho tiempo que no sentías que pasaba, y que tu imaginación en ocasiones dibujaba desnudo frente al teclado.

Prendiste la luz y te concentraste en la lectura:
Los primeros párrafos te atraparon en un pensamiento triste, te hizo recordar un tiempo pasado, un tiempo perdido. De pronto te sentiste desgraciada e incluso una lagrima escapó y escurrió por tu mejilla, hasta sentir el sabor salado en tus labios. Qué tenía este tipo que te hacía conectar en sus historias con tu propia historia. Ciertamente le habías compartido algunas confesiones sobre tu vida y tenía de donde copiar, pero más que la historia en sí era la forma en que hacía sentir a la protagonista, que eras tu misma, las que conectaba con tu propio sentimiento y pensamiento. Con el corazón encogido y los ojos deseosos de hacer brotar más lágrimas para calmar el alma, envuelta en un ovillo, seguiste con la lectura. La historia daba un giro para mostrar el deseo vivo y vívido de sus protagonista, ella y él, tu y él. Un deseo que llenaba mente, alma y cuerpo, encendía los cuerpos de los protagonistas, los hacía sentir y necesitarse como si nunca antes hubieran sentido un deseo parecido, y ese deseo se plasmaba en el roce de la piel contra la piel, el tacto del cuerpo del otro en los propios dedos, el tacto de los dedos del otro sobre el propio cuerpo, de los dedos y de la boca, los labios y la lengua. El sabor de los cuerpos destilándose en el deseo propio y ajeno. La intensidad de ese deseo y las sensaciones descritas se trasladaban a tu propio cuerpo sintiéndote protagonista de tu propio retrato. El calor de tu cuerpo subía igual que lo hacía la narración, y sentías el deseo de tu cuerpo de ser llenando por el otro.

Cuando terminaste la lectura, las sábanas estaban empapadas, de lágrimas de tus ojos, del sudor de tu cuerpo y del flujo que se había derramado entre tus piernas. Sentías las gotas de sudor perlando todo tu cuerpo, sobre tus pechos y tus piernas, y entre tus piernas fluía un hilo constante y espeso que con tus dedos llevaste a tu boca para saborearte. Henchida de deseo, dejaste hacer a tus manos bajo el camisón empapado que arrancaste hasta quedarte completamente desnuda, sentiste tus pechos hinchados y los pezones protagonizando tu excitación, sentiste tu sexo profundamente húmedo, empapado, necesitado de ser penetrado, tu clítoris inflamado clamando por el roce. Y dejaste hacer a tus manos y sentir a tu cuerpo, sin límites, hasta escapar del hastío, el sopor, y hasta de ti misma.

Cuando tu cuerpo dejó derramar todas sus esencias, te quedaste tumbada con los ojos cerrados, sin fuerzas pero llena de plenitud.

No fue hasta la mañana siguiente, ya muy tarde porque al final el sueño fue profundo, descansado y placentero, cuando le contestaste con un rápido mensaje: "Una vez más me has conmovido. Me has retratado en mi vida y me has hecho llorar, y luego has descrito una fantasía que me ha mojado toda. Tal pareciera que me la hayas robado de mi diario. Gracias, gracias por hacerme sentir". Al salir de la ducha, sintiéndote fresca y renovada, hermosa y deseada, te hiciste una única foto, desnuda, sin filtros, con la mirada profunda en el objetivo que inmediatamente enviaste a tu escritor personal, con el placer de pagar una deuda y esperando su respuesta.

.
4 comentarios
-- Tardes de Lluvia --
Publicado en:30 Junio 2020 2:45 am
Última actualización en:3 Julio 2020 10:26 am
199 vistas

-- Tardes de Lluvia --

Aunque sin movimiento, o quizás alimentado por ello, la mañana ha sido aletargante provocando un estado de desazón y pesadumbre hasta casi la extenuación. El obligado y preventivo encierro acompañado de la furia de Tonatiuh que desde el romper del alba ha estado descargando furioso sus rayos recalentando aún más esta mañana de verano, han traído este estado que no perdona a nadie, y hasta el gato yace cansino tumbado sobre las losetas donde nunca entra la luz y permanecen unos grados mas frías. Y poco se ha podido hacer por amortiguar toda esa pesadumbre matinal, en mi caso porque las obligaciones no me han dejado llegar hasta esta hora. Y es que mi visita es el único quebranto de la estricta norma que te permites, ya que incluso a tus hijos apenas les dejas cruzar el umbral del recibidor en la preceptiva visita semanal. La llegada de Tlaloc con su ejercito de nubes negras se recibe es estas tardes con alegría inusitada, aunque roban la alegría de la luz del sol no provocan la sensación de depresión que se da en el periodo invernal, sino que en estas fechas se reciben como la bendición que apacigua la furia con que nos castiga Tonatiuh y hasta devuelve la vida al gato que en un rato volverá a merodear por toda la casa.

Al abrir la puerta pareces vestida únicamente con tu camisón blanco, descalza, y con el cabello ligeramente enmarañado, y es que la pesadumbre del día no ha dado más que para resistir las horas hasta este nuevo despertar vespertino. Cuando llego todavía no ha comenzado a llover pero el sol ya ha quedado oculto; sin embargo, apenas termino de cruzar el umbral cuando se desata la furia del dios de la lluvia. Un potente trueno abre en dos el cielo, y como si fuera el pistoletazo de salida de una competición las gotas de lluvia se precipitan a toda velocidad para repiquetear en pequeños estallidos contra el duro suelo o el tejado, y forman una melodía sincopada con esas otras que amortiguan su caída contra las hojas de árboles y plantas.

Un momento después ya sientes el olor a tierra mojada, "petricor" me recuerdas siempre, y como si fuera la fuente del elixir de la vida, corres a abrir las puertas que dan al pequeño jardín para que la fragancia inunde toda la casa. Abres las puertas de par en par, sales al porche e inspiras profundamente. Las gotas, tantas y tan pesadas, se golpean con tanta fuerza al caer que salpican exageradamente y empapan tus pies que se sienten aliviados con el frescor, y ese mismo frescor que llena tus pulmones y sientes subir por tu piel te llena de la energía perdida. Y sales del refugio del porche hasta el centro del jardín, tus pies pisando los charcos que se han formado en apenas un minuto, giras sobre ti misma mirando al cielo y dejas que la lluvia moje tu cara, tu cabello, todo tu cuerpo.

Todavía en el umbral de la puerta que da al jardín, ya me conoces conservando mi pulcritud, te contemplo enredándote en tu baile liberador y regenerador, reina de tu jardín y la lluvia, cual Coyoxahulqui reinando en las noches. Y veo como las gotas de lluvia se integran contigo y pasan a formar parte de una tú renovada. Resbalan por tu cara que ahora brilla iluminada, empapan tu cabello que ha apaciguado la revolución con que me había recibido y resplandece en su brillo taxqueño, y desintegran tu camisón que pegado a tu piel se ha vuelto transparente. Hipnotizado por tu visión como danzante derviche bajo la lluvia, por las curvas de tu cuerpo redefiniéndose por la tela empapada que se ciñe forzosamente a tu piel, por tu piel que resplandece bajo la transparencia de la tela, tiene que ser tu voz la que me devuelva a la realidad y me haga responder a tu llamada. Me resisto, me resisto a mojarme, pero no me puedo resistir a ti, y menos a una petición acompañada de una sonrisa tan cargada de vida. Antes de salir me descalzo y me quito los pantalones, ya sabías que no podía ser de otra forma, y avanzo hasta tí hundiendo mis pies en la hierba mojada, sintiéndome empapar a cada paso.

Siento tu mano en mi pecho, sobre la camisa empapada, y tiras de ella hacia ti hasta que nuestros labios sienten el calor del otro y se unen en un intenso beso. Un beso intensamente sensual, intensamente sexual. De tal intensidad que como la luna hace con las mareas impulsa la atracción entre nuestros cuerpos y los arrastra uno contra otro. Tomas mi mano y la llevas a tus pechos, para que sienta la turgencia provocada por la energía y excitación que inunda tu cuerpo, tus pezones más hinchados y oscuros que nunca recortan su perfil contra la tela que los envuelve, y tu otra mano busca entre mis piernas la turgencia de mi sexo. La tarde desaparecerá bajo la lluvia, se perderá mezclada con el cóctel que formará junto con la dulce saliva de los profundos besos, el agridulce néctar fruto de tu placer más intenso, el sudor salino que cubrirá nuestra piel y la espesa vía láctea que arrancarás de mi cuerpo...
3 comentarios
-- ¡Oh! --
Publicado en:19 Junio 2020 11:51 am
Última actualización en:14 Julio 2020 1:29 am
214 vistas

-- ¡Oh! --

La radiante palidez de tu piel, un fulgor que cada vez que se hace presente inunda mis ojos y mi mente, como hace el brillo infinito del blanco en el ártico, ese blanco de nieve de innumerables tonos y nombres para los inuit, y que no todos los ojos son capaces de apreciar en sus infinitos matices y aparente simple geometría. Como infinitos son los matices de curvilínea geometría, de sensualidad, de dulzura, de pasión y deseo que desprende en su refulgir tu cuerpo.

Frente a la radiante palidez de tu piel el contraste siempre destacado del color. Color en tu cabello y en tus labios: el cabello en un aparente segundo plano con su doble juego, ora un velo misterioso, ora un marco que centra y atrae la mirada del observador sobre tu rostro, y siempre protagonista en el retrato que ha fijado mi mente.

Los labios, siempre seductores, protagonistas de una cautivadora sonrisa, de color rojo Vespa, llamativo y picante como un aguijonazo. Labios que se unen y fruncen para el más intenso de los besos, o dejarse mordisquear pícaramente, preludio del más intenso deseo. Labios que enmarcan la entrada a esa boca que me llama, que me busca. Boca que deseo besar y me quiero comer, boca por la que me dejo besar, y chupar y saborear, y comer. ¡Oh! Boca que me arrastra en un delirio de placer hasta estallar y derramarme dentro de ella, y entonces se cierra sobre mi, aun más, para impregnarse de toda esa intensidad derramada.

Y todo tu cuerpo se eriza, y palpita, así lo siento en las yemas de mis dedos, y se ve envuelto en una ola de deseo que le hace buscar un segundo estallido esta vez sólo para él.
4 comentarios
--- Te quiero comer... (y II ) --
Publicado en:26 Mayo 2020 5:34 pm
Última actualización en:6 Julio 2020 7:42 am
293 vistas

--- Te quiero comer... (y II ) --

... después mordisqueas mi oreja, la atrapas entre tus labios, la chupas, luego mi cuello, y tu mano arrastra mi mano, primero hasta tu cintura, y después sobre tus braguitas amoldándola a la sensual convexidad de tu pubis.
"¿Aquí?" susurras apretando tu mano sobre la mía que acomoda los dedos entre los pliegues que forman tus labios e ingles. Libero mi mano para deslizarla bajo tus braguitas, sentir la suavidad de tu piel, el calor y la naciente humedad que rezuma entre los labios de tu coñito, y cuando tu mano vuelve a apretarse sobre la mía, y siento como se pega en el dorso de mi mano la tela de las braguitas ya húmedas, contesto: "No, aquí". A lo que tu cuerpo replica arqueándose mientras nuestras manos se adueñan de tu dulce tesoro.

Con el sabor de tus besos todavía en mis labios busco cumplir mi capricho y tu deseo.

Mis manos recorren tus piernas arrastrando las braguitas hasta sacarlas por tus pies, enrolladas sobre sí mismas y como un aperitivo del festín que viene las acerco hasta mi nariz para sentir la fragancia que ha impregnado la tela. Aunque no soy capaz de acertar a describirlo con palabras si reconozco en ese perfume tu marca privada, ese olor tan tuyo, tan personal y único como una huella dactilar que provoca una llamada a arrebato en mi mente y mi cuerpo.

Ahora mis manos desandan el camino, acariciando tus piernas, tus muslos, hasta llegar a tus caderas. Siguiendo el rastro, mis labios se guían hasta su destino haciéndose sentir en todo el camino. Cuando mis manos se detienen en tus caderas y se aferran con intensidad, marcándose la presión de los dedos sobre tu piel, entreabres las piernas para acomodar mi ya ansiada llegada. Primero un beso, dulce, suave, que se hace más intenso conforme acerco más mi cara y sientes rozar mi barba contra tu piel, y presiono mi cara entre tus piernas. Después, lentamente, un largo e intenso lametón, recorriendo todo a lo largo los labios de tu coñito que se abre como una flor mientras tu fragancia me inunda. Un gesto que repito varias veces, desde tu culito hasta tu clítoris, y en ese ir y venir los labios ceden a la presión y se entreabren, y mi lengua se impregna de los jugos que rezuman de su interior. Y cuando deslizándose alcanza y presiona sobre tu clítoris una ola de calor y un escalofrío recorren tu espalda al unísono.

Cómo si hubieran sido creados la una para el otro, mi boca se acopla y adueña de tu coño: de los labios oscurecidos e inflamados, de los jugos que fluyen desde su interior y se desbordan sobre mí, en mi boca, de tu clitoris sensible e hinchado que palpita y que empuja por salir cuando mis labios lo rodean y succionan. La flor de tus labios se despliega y aletean atrapados en mi boca como una mariposa furiosa.
Tu cuerpo se contrae, y luego se arquea, se estira, se retuerce, y mis manos se aferran a él cómo el escalador se agarra al único saliente del que pende su vida, tu boca aprieta los labios con fuerza que solo se separan para dejar escapar un gemido tras otro, y tu piel erizada transpirando deseo y placer, se perla de gotas de rocío.
7 comentarios
-- Te quiero comer... --
Publicado en:15 Mayo 2020 6:48 pm
Última actualización en:26 Mayo 2020 5:31 pm
520 vistas

-- Te quiero comer el coño --

Llego sin avisar y te encuentro sobre la cama. Imaginaba que iba a encontrarte desnuda sin embargo noto que has aprovechado para cortarte el pelo, y deduzco que al llegar, después de quitarte sólo el vestido, te has tumbado sobre la cama y te ha vencido el cansancio de la interminable semana. Y así te encuentro, profundamente relajada, aún vestida con esa combinación negra que en ti resulta pura sensualidad.

Me acerco a contemplarte en esa casi eterna placidez que te inunda, los párpados cerrados, relajados, los labios ligeramente entreabiertos en el arranque de una sonrisa, un brazo estirado sobre tu cabeza y el otro sobre tu cuerpo dejando descansar la mano sobre tu vientre. Me siento a tu vera, sin tocarte, con precaución de no perturbar ni alterar tu descanso, sin embargo tu sexto sentido, la intuición femenina, quien sabe qué, te avisa de la presencia del invasor y al abrir los ojos y descubrirme mirándote, me devuelves la mirada acompañada de tu sonrisa infinita, que ahora sí dibujan expresivamente tus labios rojos mientras llevas una mano hasta mi cara. "Qué agradable sorpresa", me dices.
Muy despacio, con dos dedos, retiro un mechón rebelde de tu cara y beso tus párpados y luego tus labios, ahora sí, sin peligro de perturbar tu sueño, acaricio tu mejilla con el dorso de mi mano, tu hombro, tu brazo

"Tengo un capricho", te digo, a lo que respondes con un leve gesto invitándome a seguir. Me acerco hasta tu oído y casi susurrando te digo: "Te quiero comer coño". La mano que tenías en mi cara se desliza hasta mi cuello para impedir que me mueva, y acercar mi oído a tus labios: "Es justo lo que necesito", me replicas y prosigues: "Es tuyo, pero solo si lo haces son pasión. Con pasión animal, que sea casi salvaje..." a la vez que tu mano que reposaba sobre el vientre tira de la sedosa tela hacía arriba descubriendo por completo tus piernas...
16 comentarios
-- Eternamente sensual --
Publicado en:17 Abril 2020 9:29 am
Última actualización en:13 Julio 2020 10:49 am
1895 vistas

-- Eternamente sensual --

Eternamente sensual. Sensual y excitante. Vestida o desnuda, vestida y desnuda.

Y ahora, casi desnuda, frente al espejo veo tu cuerpo reflejado, tu piel transparente, suave y delicada sobre la que se deslizan mis dedos. Con ese gesto tan tuyo, tu mano parece querer sostener tu pecho sintiendo entre las yemas de tus dedos la rugosidad del pezón endurecido, y como se posan y se deslizan las mías.

Yo, adorante, en una liturgia de pasión y deseo, pego mi cuerpo a tu espalda y se deslizan mis manos por tu cuerpo, desde tus caderas, abrazando tu vientre, sintiendo como lo que antes era una visión, etérea, se encarna en torno a mis manos, se hace cuerpo se hace carne, se hace pecado.
Pecado sobre tus pechos, que entre mis manos se convierten en tetas, y lo convierten a uno en panadero o alfarero para llenarse las manos de ellas, y amasarlas, y darles forma y dejar que tomen la forma de mis manos. Y mientras, mi cuerpo toma la forma de tu espalda, y mis labios el sabor de tu piel sobre la nuca.

Dejas escapar un suspiro, un gemido, de tus labios y vuelves la cara ofreciéndome tu boca de labios rojos a la que se pegan mis labios. Y siento tu cuerpo excitado, tu piel erizada, la turgencia de tus pechos, tus labios enrojecidos bajo el carmín, y un rocío de sudor que transpira por tus poros. Y siento la excitación y el deseo en mi cuerpo pulsante contra tu cuerpo, deseando ser liberado en ofrenda para ti, embriagado de tu sensualidad.

Eternamente sensual, eternamente tu.
2 comentarios
-- El regalo de Carola --
Publicado en:13 Abril 2020 4:53 pm
Última actualización en:29 Mayo 2020 4:47 am
1982 vistas

-- El regalo de Carola --

No identifiqué el número en la lista de llamadas, pero al abrir el buzón de voz ese inconfundible acento no dejaba lugar a la duda y te señalaba como culpable. Me habías comentado tu intención de viajar, y que tenías planes para la vieja Europa, incluso me "amenazabas" repetidamente con dejarte caer por mi tierra pero no pensaba que estuviera sucediendo en ese instante.

Y no es que no lo deseara, pero siempre lo había considerado como algo lejano, bastante improbable, y que más bien formaba parte de tu juego de seducción, donde como el pescador se lanza el cebo, el engaño, y la presa desconcertada por el deseo y lo real corre rauda hasta quedar atrapada en el anzuelo que solo siente cuando aparenta retirarse a disfrutar del manjar. En realidad no hacía tanto tiempo que nos tratábamos, aunque veníamos siguiéndonos desde un tiempo antes en la distancia del voyeur, pero se había establecido una confianza y deseo mutuo, con conversaciones, mensajes e intercambios de fotos , que a veces hacía parecer que eramos viejos amantes.

Tu mensaje, cargado de siseantes eses que se cimbreaban en tus palabras como tu cuerpo curvilíneo, aunque cargado de misterio por lo que depararía no podía ser más claro: Hotel, habitación y hora, una cita para dos. "Te esperaré ansiosa bebé", dijiste antes de colgar. Reorganicé alguna de mis tareas para salir temprano del trabajo, e inventé una tarea urgente e inaplazable que me ocuparía hasta tarde, para quedar libre de toda obligación para la cita vespertina. Llegué ligeramente adelantado, e hice un poco de tiempo antes de subir a la habitación donde encontré una nota en la puerta: "Pasa sin llamar y no digas nada. Eres bienvenido y libre."

Empujé la puerta y pasé al fondo de la habitación, ligeramente en penumbra, donde una ola luz que bañaba la cama guió mis ojos hasta descubrirte desnuda. De medio lado, ligeramente recogida sobre ti misma y ofreciendo las nalgas a la vista del recién llegado, yo. Antes de que pudiera saludarte con un sencillo hola me siseaste para que mantuviera el silencio, y después tu mano se deslizó por tu muslo hasta alcanzar la nalga y abrirla mostrando un regalo dentro de otro regalo, como quien abre una Matrioska.

En más de una ocasión habíamos fantaseado con situaciones similares, pero la inesperada sorpresa del recibimiento había dejado mi mente bloqueada, aletargada, casi paralizada. No así mi cuerpo, que inmediatamente reaccionó ante la visión de tu cuerpo desnudo tornando el letargo e incredulidad en deseo, deseando sentir el tacto de tu piel y sintiéndose prisionero en su despertar bajo la tela del pantalón.

Cuando las yemas de mis dedos tocaron tu piel una ráfaga de deseo golpeó mi mente, como una bofetada, devolviéndola a la realidad de ese momento, y olvidada la incredulidad y sorpresa inicial nos dejamos llevar por un guión no escrito que ambos conocíamos.

Mis manos se deslizaron a lo largo de tus piernas sintiendo la suavidad de tu piel en cada caricia, torneando tus muslos como el alfarero crea la línea curva ideal, el volumen perfecto en cada vasija, ninguna igual a otra pero todas perfectas al sentirlas entre sus manos. Dibujaron la linea de tus caderas y la redondez de tus nalgas. Las acariciaba, las agarraba, las amasaba, las hacía mías, y según mis manos se llenaban de tu cuerpo, la excitación crecía dentro de mi, se proyecta hacía fuera, y clamaba por ser liberada.

El aroma que ya manaba entre tus piernas me atrajo como el néctar a las abejas, sin perder rumbo. Llevé a mis labios dos dedos empapados de tus jugos y acto seguido mi cara se perdió entre tus piernas saboreando los jugos que se escurrían de tu coñito, hasta que una ola de placer recorrió tu cuerpo. Tu piel que sentía en la yema de mis dedos, se erizó por doquier, tus pechos se contraían duros, y un escalofrío recorrió tu espalda hasta golpear en tu mente, y tu cuerpo comenzó a agitarse al mismo ritmo de los gemidos que escapaban de tu boca y llenaban mis oídos. Apenas fue el principio...
1 comentario
-- "Te necesito dentro, ahora mismo" (Tremenda II) --
Publicado en:3 Marzo 2020 3:18 pm
Última actualización en:13 Abril 2020 4:53 pm
3161 vistas

-- "Te necesito dentro, ahora mismo" --

Tu respuesta, urgida de necesidad de mi, me excita aún más si cabe de lo que ya estaba después de contemplar como apaciguabas la llamada de tu cuerpo frente al espejo.
Mis manos sobre tus pechos, se aferran con pasión, haciéndolos suyos como el panadero que trabaja la masa o el alfarero el barro, sintiendo como se adaptan al seno que forman mis manos y se quieren escapar cuanto más aprieto y se cierra el espacio, o clavo mis dedos en ellos. Percibo la dureza de tus pezones enardecidos y sobreexcitados. Engordados e inflamados en su búsqueda y necesidad de placer casi arrancándose de su lugar natural y tirando de todo el pecho. Mis labios bajan hasta tu cuello desnudo, y mientras recorren cada pulgada hasta tus hombros con un tacto suave, casi tierno diría, me embriaga y llena el aroma de tu cuerpo.

Bendecida con cosas bonitas, me dijiste alguna vez. Bonitas, sabrosas, hermosas, excitantes... pienso para mí mientras te siento entre mis manos y mi deseo se aviva como las llamas del fuego cuando es atizado. Y así, avivado y encendido, lo notas contra tu cuerpo, presionando bajo la tela de mi pantalón y apretándose entre tus nalgas.

Tus manos, que hasta hace un momento solo pensaban en tí, cambian su destino y se deslizan entre nuestros dos cuerpos para crear un equilibrio. Buscan el roce metálico de la hebilla del cinturón y lo desabrochan con la urgencia del que se quita unos grilletes, empujan el pantalón que se resiste a caer por la presión de mi excitación. Siento entonces la humedad de tu néctar en tus manos mientras se afanan hasta liberar mi sexo que salta como un resorte y queda firme como un mástil entre nuestros cuerpos. Aprieto de nuevo tus pechos entre mis manos, y las tuyas responden sobre mi deshaciéndose casi con rabia de las prendas que tanto estorbaban a tu propósito.

Apoyas tus manos contra la pared, e inclinándote entreabres tus piernas marcándome el siguiente paso. Mis manos se posan sobre tus caderas y emparejo mi pelvis con la tuya pegándome a tus nalgas, me acomodo entre tus piernas y notas la presión sobre tu coño y como se abren sus labios cediendo paso a mí polla que ayudada por la humedad que empapa tu coño se desliza frotando sus paredes hasta clavarse entera llenando tu coñito hasta el fondo, y como un acto reflejo un suspiro escapa de tus labios.
Un suspiro, un gemido, que se repite cuando en un pausado pero rítmico vaivén sientes tú coño vaciarse y volverse a llenar de nuevo, cada vez con más intensidad
1 comentario

Para enlazar a este blog (fang070) utiliza [blog fang070] en tus mensajes.

  fang070 49H
49 H
Agosto 2020
Dom Lun Mar Mier. Jue Viern Sab
            1
 
2
 
3
 
4
 
5
 
6
1
7
 
8
 
9
 
10
 
11
 
12
 
13
 
14
 
15
 
16
 
17
 
18
 
19
 
20
 
21
 
22
 
23
 
24
 
25
 
26
 
27
 
28
 
29
 
30
 
31
 
         

Visitantes recientes

Visitante Edad Sexo Fecha
gilleardient  50H7/8
VictoriaLXIX  53M6/8
alfa6808  52M6/8
mora63  41H1/8
IntensamenteFer43M29/7
mar58688  53H29/7
Maykacit  33M29/7
haytus1234  53H22/7
Bonita_Bet  48M17/7
Amante_sinigual55H14/7

Comentarios más recientes por otros

Publicación Publicador Fecha de Publicación
-- Escapada -- (3)VictoriaLXIX
6 Agosto 2020 5:04 pm
-- Después de la tormenta -- (5)alfa6808
1 Agosto 2020 7:34 pm
-- Tentación -- (5)VictoriaLXIX
23 Julio 2020 8:32 pm
-- Noche de Verano -- (4)VictoriaLXIX
9 Julio 2020 7:04 am
-- Tardes de Lluvia -- (3)VictoriaLXIX
1 Julio 2020 1:48 pm
-- ¡Oh! -- (4)VictoriaLXIX
1 Julio 2020 1:09 pm
--- Te quiero comer... (y II ) -- (7)AzaleaReal
28 Mayo 2020 11:38 am
-- Te quiero comer... -- (16)VictoriaLXIX
20 Mayo 2020 11:56 am
-- Eternamente sensual -- (5)alfa6808
17 Abril 2020 11:20 pm
-- ¿Es a mí? -- (4)alfa6808
16 Febrero 2020 12:12 pm
-- Tremenda -- (5)Rusia_7
26 Enero 2020 2:52 pm