Parejas liberales y swingers
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-- Deliciaaaaa --
Publicado en:5 Abril 2021 9:24 am
Última actualización en:6 Abril 2021 11:12 am
542 vistas

-- Deliciaaaaa --

¡Qué delicia! Cuando juegas a hacerte el inocente pero tu mirada, tu cuerpo, irradian deseo y siento tus manos en mis pechos que se hinchan de gozo y se desbordan entre tus dedos, y me siento tuya y me desnudo para ti, y me entrego a tí. Una corriente sube desde mis pechos, los hace contraerse sobre sí mismos, cuando tus dedos rozan mis pezones, juguetean con ellos inflamados, sensibles, y los aprietas y los estiras, hasta que los siento perderse dentro de tu boca. ¡Qué deliciosa sensación! sentir mi pecho atrapado en tu boca, tu lengua apretándose contra mi pezón cada vez más excitado: ten mi bebé llénate de mí hasta saciarte. Dejo escapar un gemido cada vez que succionas con fuerza como si estuviera a punto de manar la leche que ya no tengo.

No puedo contener el ardor de mi cuerpo que en ebullición transpira de gozo por todos sus poros, siento como brota entre mis piernas la humedad que me moja por dentro y resbalan las gotas por mi piel erizada. La contagiosa excitación también ha invadido tu cuerpo que siento más viril que nunca, y enarbola enhiesto y orgulloso el ariete que derriba las puertas de mi pasión.

Ya no puedo esperar más, me urge sentirte dentro, así me encaramo a tus piernas y deslizándome lúbricamente sobre mis propios jugos te acojo en mi seno, me ensarto con tu verga hasta acoplar nuestros cuerpos. Acomodo mis caderas y cabalgo sobre tí como amazona dominando a su potro, marcando el ritmo de mi deseo, el que te lleva a lo más profundo de mi seno para hacerme alcanzar el más intenso placer. Hasta sentirme colmada de ti y que mi cuerpo vibre, palpite y se estremezca. Acompañando mi galope, tu boca que había tomado mis pechos de nuevo y los devoraba con ritmo acompasado a su balanceo, sublima mi gozo provocando el choque de dos corrientes cuando confluye y colisiona con la corriente que sube desde mi interior, reverberando en oleadas interminables por todo mi cuerpo hasta perder la noción de tiempo y espacio. Sin fuerzas, vencida por el goce de mi cuerpo, solo viene una palabra a mi mente: ¡Deliciaaaa!
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- Palabras para regalar -
Publicado en:30 Marzo 2021 3:39 am
Última actualización en:1 Abril 2021 11:10 am
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- Palabras para regalar -

Poesía de la sensualidad, eso eres,
que hace revolotear las palabras en mi mente
no son palabras para guardarme,
sino para regalarte
palabras para rozar tu piel,
palabras para besar tus labios,
para penetrar en ti, en tu cuerpo,
y en tu alma también
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-- No sé si es --
Publicado en:25 Marzo 2021 11:43 am
Última actualización en:17 Abril 2021 5:47 pm
686 vistas

-- No sé si es --

No sé si es la forma en que me miran tus ojos, en que me siento atrapar por tu mirada.
No sé si es el sabor que tus labios dejan en mi boca.
No sé si es el roce de tu piel que todavía siento en mis dedos.
No sé si es..., no sé qué es.

Y sin embargo, sé que tan solo con recordarte un instante, imaginarte, mi mente te trae a mi lado, y la esencia de tu ser, el perfume de tu cuerpo me inunda y activa mi mente y mi cuerpo, y te encarna a mi lado. De pronto mi cuerpo se contagia del calor de tu cuerpo pegado a mí y esa sensación de tenerte a mi lado, más poderosa que cualquier alucinógeno, moviliza todas mis emociones, agita mi mente y acelera mi pulso, enciende todo mi cuerpo. Mis manos se lanzan aventureras a recorrer tu cuerpo que se entrega a ellas, se deja querer. Es un mundo de sensaciones de ida y vuelta, y al recibir el regalo de tus pechos puedo sentir tus pezones duros y oscurecidos buscando el tacto de mis dedos. Se unen tus caderas a las mías y creamos un nuevo centro de gravedad en torno al que orbitan todos nuestros movimientos y hasta nuestros pensamientos unidos en esta búsqueda mutua del placer del otro, y del placer a través del otro. Se inflama y se dilata tu cuerpo igual que tu deseo, y el calor y la humedad entre tus piernas me impregna como un verano tropical, y no, no son los ruidos de la jungla los que llenan mis oídos, sino los sonidos que por primitivos y ancestrales, son más puros y verdaderos, suspiros y jadeos que apenas dejan en libertad alguna palabra como versos sueltos de deseo, y se tornan en bravíos gemidos hasta que en su cenit, es tal la agitación, que entrecortada la respiración hasta casi detenerse enmudece el cuerpo y crea un silencio.

Abro los ojos entonces, y no estás, pero al cerrarlos de nuevo el recuerdo de tu perfume me lleva hasta ti una vez más...

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-- ¿Dónde estás...? --
Publicado en:20 Marzo 2021 5:08 pm
Última actualización en:15 Abril 2021 10:06 am
790 vistas

-- ¿Dónde estás...? --

Me desperezó tu voz entre sueños: "¿Dónde estás...?" decías. Enredados nuestros cuerpos y exhaustos de placer, nos había vencido el sueño cuando abrazados y entre caricias que se deslizaban sobre la piel, sudorosa todavía, sentíamos el hormigueo del placer recorriéndonos, como si fueran réplicas de los ramalazos de placer que minutos antes restallaban con deliciosa violencia en nuestros cuerpos. Abrí mis ojos, y con voz muy queda para no despertarte, retirando un mechón de tu frente mientras te acariciaba y dibujaba tus cejas, susurré a tu oido: "A tu lado, dónde me querías tener, y donde yo quería estar", y como si me hubieras escuchado desde el mundo de ensueño en el que estabas se estiraron y arquearon tus labios formando una sonrisa.

Recorrí con mis ojos tu cuerpo desnudo, y a mi mirada le seguían mis dedos, pura sensualidad encarnada en tu piel morena, la voluptuosidad encarnada en el volumen de tus pechos encumbrados de dulce cacao, oscuro y delicioso xocoatl, en la curva de tus caderas y tus nalgas, que se alargan caprichosas por tus piernas. Al posar mis labios sobre tu piel se llenó mi boca del sabor salado que la impregnaba, y el aroma persistente del sexo reciente sobre tu piel inundaba mi nariz, trayendo a mi mente el sonido de tus orgasmos: el entrechocar de nuestros cuerpos, la lubricidad de tu cuerpo que se abre una y otra vez por el ariete fecundador, suspiros y gemidos contenidos hasta que desatan su furia de placer, irresistible como la llamada de las sirenas al sagaz Odiseo. Ahí estábamos los dos, el uno para el otro, henchidos de deseo, aprehendiéndonos, mía, tuyo, poseyéndonos sin mesura y gozándonos. Despertando de nuevo, mis manos reclamando de nuevo tu cuerpo, apropiándose de él, tus caderas cimbreándose apretándose contra mí y acomodando el paso entre tus piernas, sin prisa, solo con la urgencia de procurarnos el más delicioso de los placeres.

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-- ¿Puedo? --
Publicado en:14 Marzo 2021 4:14 pm
Última actualización en:5 Abril 2021 9:22 am
970 vistas

-- ¿Puedo? --

- ¿Puedo? - Te pregunto simulando inocencia y muy consciente de la respuesta que esperaba
- ¡ Claro que puedes ! - contestas con una mezcla de deseo e indignación por la absurda pregunta, mientras me sonrío por el tono de tu respuesta. Y acerco mis manos hasta las tuyas que todavía sostienen y ofrecen generosas tus pechos después de bajar con provocación y sensualidad el escote de tu vestido.

Cuando sobre tus manos agarro y aprieto tus pechos, dejas escapar un suspiro de tus labios y a continuación retiras tus manos para sentir como tus pechos llenan las mías, te incorporas hacia delante para que todo su peso y volumen se venzan completamente sobre mis manos, que se sientan apabulladas e incapaces de contenerlos cuando gravitan libres. De pronto siento toda la voluptuosidad de tu cuerpo concentrada en tus pechos, en mis manos, cada una haciéndose dueña de su respectivo, llenas de deseo, agarrando, sobando, amasando, apretando uno contra otro y transmitiendo la excitación de tenerte por todo mi cuerpo. Acerco mis boca hasta uno de ellos, lo beso, lo chupo, siento el pezoncito erizado, que se retuerce y endurece cuando siente mi lengua y luego lo aprieto entre mis labios, y me lleno la boca con todo el pecho, y al sentir como lo succiono, como lo mamo, se acelera tu respiración y escapan suspiros y gemidos de tus labios a la vez que una corriente eriza toda tu piel, y te aprietas contra mí para alimentarme, para alimentar aún más mi excitación y el deseo que sientes crecer y apretarse contra tus braguitas que se están empapando del néctar, fruto de tu deseo que no puedes evitar se escape.

Solo interrumpimos, en imperceptibles instantes, este cortejo del deseo para irnos deshaciendo de las prendas que importunan la necesidad de nuestros cuerpos de sentirse el uno al otro al completo, tu vestido, tus braguitas mojadas, mi camisa y mis calzones, y mientras despedimos a cada prenda medimos el cuerpo del otro acompañando con las manos su adiós. Y cuando sientes rozar tus manos con la turgencia de mi verga excitada, llena de deseo, no puedes resistir el impulso de encaramarte y ensartarte en ese mástil de placer, y como domadora de potros salvajes, a puro pelo y sin rienda, acomodas tus caderas sobre mí y marcas el ritmo del trote y el galope de tu deseo hasta quedar casi sin sentido y tu cuerpo sacudido a borbotones por un estremecimiento que te deja sin control
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-- So long... --
Publicado en:13 Marzo 2021 11:37 am
Última actualización en:22 Marzo 2021 6:13 am
861 vistas

-- So long... --

Tanto tiempo esperando, un tiempo que a la fuerza rellenamos sólo con imágenes y palabras, un tiempo largo, interminable, aislado y solitario, de trabajos manuales, pensando en un tiempo pasado que no sabíamos ni cuándo ni cómo recuperaríamos, casi como quien espera la llegada de un mesías, con ansía, con deseo, con prudencia, con fe.
Me pedí el día libre en el trabajo para hacerlo aún más especial, y aunque por la inercia del día a día me desperté temprano, con desdén por el naciente día, di media vuelta en la cama y me dejé llevar hasta que el sol reinó en lo más alto del cielo. Solo entonces inicié el rito de preparación, casi una liturgia religiosa, disfrutando con parsimonia de cada una de sus etapas, en cada pequeño paso. Primero, un pausado y delicioso desayuno sentada frente al ventanal contemplando el jardín que ya quería reverdecer, después preparé un largo y relajante baño de agua caliente en el que dejé acariciar mi cuerpo por el agua como estaba deseando que lo hicieran tus manos tanto tiempo extrañadas, y antes de salir de la bañera una breve pero intensa ducha de agua fría que hiciera despertar todos mis músculos, después me envolví con premura en el albornoz y fui a elegir la ropa. Algo sencillo pero elegante, sensual pero sin ser evidente, no quería sentirme ni parecer desesperada aunque al igual que muchas me hubiera sentido así muchas veces durante los largos meses de encierro y aislamiento. Arrastrando todavía el golpe del agua fría, y el deseo del encuentro, vi en el espejo como mis pezones se marcaban con escándalo bajo la tela del top negro que me había puesto mientras buscaba el conjunto más adecuado. Me acaricié por encima de la tela y el solo pensamiento de desear que fuera tu mano hizo que el encaje de mis braguitas se humedeciera; no hubiera dejado pasar el momento de no ser porque nos veríamos más tarde y quería llegar llena de deseo. En otra ocasión me hubiera obligado a buscar de inmediato un sujetador y elegir otra prenda menos reveladora, sin embargo, intuí que bajo una elegante chaqueta sería el conjunto perfecto para este reencuentro. Para completar el conjunto busqué una falda corta ajustada que marcaba mi figura, y aunque ahora casi ya no las utilizo de ese estilo las sigo conservando y siempre las elijo cuando me quiero sentir especialmente femenina y sensual, zapatos de tacón, el justo y necesario, y unas medias al muslo, que además de saber el efecto que te causaría me hacían sentir más libre. Me dejé puestas las mismas braguitas que llevaba, sentir la humedad que me había provocado pensarte me acercaba al momento del reencuentro y deseaba que al vernos un rastro de mi aroma llegara a envolverte. Proseguí con mi ritual y me vestí con calma, sintiendo el roce de mis dedos al ajustarme las medias y acariciando, como si fueran tus manos tanto tiempo extrañadas, la figura que la ropa iba dibujando al ajustarse a mi cuerpo. Me arreglé rápido el pelo, la ventaja del nuevo corte con el que te iba a sorprender, y dediqué especial cuidado a maquillarme los ojos, algo que siempre he hecho pero que requiere especial esmero ahora que, tapados con las mascarillas, es lo único que se nos ve de la cara.

Terminé de arreglarme antes de lo que había previsto, no conté con el rápido peinado, pero no podía aguantar esperar más en casa, necesitaba acortar el tiempo, y salí con calma rumbo al café en donde nos habíamos citado, el mismo café en el que nos citamos la última vez que nos vimos antes de que nos encerraran a todos. Apenas llegaba al café cuando me avistaste que llegarías tarde, "siempre el mismo" pensé para mí. Me senté y pedí un café, y decidida a no desesperar abrí el libro que había llevado para entretener la espera. Sin embargo, apenas si podía concentrarme en la lectura, pues era mayor mi ansía y necesidad de vernos, de tocarnos, que el interés del libro, y desde nuestra mesita en el rincón me interrumpía a cada rato y levantaba la cabeza cada vez que sentía una sombra cruzando el umbral de la puerta del café. Con la decepción de no encontrarte volvía a mi mente el estribillo de la canción de Cohen, "so long, Marianne", y cada vez que me repetía "so long....., so long...." dejaba a mi manos acariciar mi cuerpo, mis muslos, sentía mis pezones erizándose bajo la ropa mientras imaginaba que ya eran tus manos y me preguntaba porque no estaba esperándote en mi casa

Por fin apareciste, inconfundible en tu estilo te reconocí de inmediato a pesar de la mascarilla, buscándome sin éxito por todas partes en derredor. Me resistí a llamarte, aunque era imperioso tenerte ya a mi lado, necesitaba ver tu cara al reconocerme. Además, me resultó tan dulce verte con aquella cara de conejito confuso y perdido mientras me buscabas entre todas las embozadas, que no podía romper ese momento. Te seguí con la mirada, mientras te acercabas hacia donde estaba sentada y seguías buscando, escrutando el poco rostro expuesto de cada mujer que encontrabas, hasta que por fin nuestras miradas se cruzaron. Como si se tratara del espectro de colores del arco iris, en un momento vi pasar tu mirada por casi todos los estados posibles: resignación, confusión, sorpresa, alegría, incluso mirada de tonto; sin duda el cambio radical de mi pelo te había dejado completamente desorientado y sin referencias. Resultabas tan dulce y excitante, aunque no pude evitar reírme cuando recompuesto llegaste hasta la mesa a sentarte. No pudimos abrazarnos, como nos hubiera gustado, y aun así noté como el calor subía en mis mejillas y como mis pechos se apretaban contra la tela solo por la excitación de estar juntos de nuevo.

Sentía que no podía esperar más y no alcanza a comprender porque no nos habíamos citado en un lugar más íntimo, apenas si recuerdo que nos dijimos, en realidad sí lo recuerdo pero no tenía importancia, lo importante era estar juntos de nuevo, saber que mi cuerpo iba a ser tuyo otra vez, y nos íbamos a tener el uno al otro. Cuando te atreviste a pasar tu mano por mi pelo, un escalofrío recorrió mi cuerpo y retorcí mi cabeza en torno a tu mano para no dejarla escapar y forzarla llegar hasta mi mejilla, y tuve que apretar mis piernas porque noté como mis bragas se humedecían igual que me había pasado en casa. "So long..., so long..." volvía a sonar en mi cabeza pidiendo ponerle fin a esta espera y sentir tu cuerpo excitado sobre mí. Tomé mi taza de café y la vacié de un trago. "Vámonos ya", te dije. Ambos sabíamos que tu café lo tomaríamos juntos en mi casa cuando a la mañana siguiente despertáramos para desayunar.

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-- Desde tu Cuello --
Publicado en:3 Marzo 2021 1:48 am
Última actualización en:5 Marzo 2021 12:34 am
1729 vistas

-- Desde tu Cuello --

Te he visto. En silencio, de espaldas, concentrada en ti misma, recogías tu pelo en alto con las dos manos, y tu cuello al descubierto alargándose al infinito por tu nuca me llamaba. Me acerco y sujeto tus manos a la vez que mis labios se posan en ti, y muy despacio beso repetidamente tu cuello, me lleno del aroma de tu cuerpo entremezclado con los restos de tu perfume que persiste al final del día. Recorro tu cuello con mis labios, lo mordisqueo, incluso lo chupo hasta llegar a tus orejas. Al sentir el calor de mi boca en tu nuca, un pequeño escalofrío, como una corriente eléctrica, recorre tu espalda y eriza toda tu piel, y un pequeño gemido, más bien un suspiro, escapa entre tus labios.
Sin que mis labios se separen de tu cuello, te rodeo con mis brazos, y tus pechos quedan entre mis manos y se adueñan de ellos; los acaricio, los agarro, los aprieto, los sopeso, siento como se amoldan al hueco de la palma de mis manos, y al notar como se endurecen tus pezones los rodeo y los presiono entre mis dedos. Se agita tu cuerpo que pegas contra el mío, y sientes como se acomoda entre tus nalgas el bulto de mi pantalón. Bajo mis manos por tu vientre, lo acaricio hasta toparme con tus braguitas, deslizo mi mano bajo la tela y siento la caricia de tus vellos entrelazándose en mis dedos que siguen su ruta de exploradores hasta que toda mi mano cubre y abarca tu coño, y lo agarro hasta que mi dedo corazón se desliza entre los labios mojados, dentro de tu coñito, y lo llevo todo lo adentro que puedo, hasta escurrir un segundo dedo. Dejas escapar otro gemido que apago llevando a tus labios los dos dedos mojados de tus jugos, y mientras los saboreas retuerces tu cuerpo y aprietas más tu culo contra mí para sentir mi excitación.

Giras tu cara, y nuestras bocas se buscan, se besan, se comen, se devoran, y siento en mi lengua el sabor de la tuya todavía impregnada de tus jugos. Siguiendo a tus manos me libero del pantalón, y empujando tu culo contra mí y entreabriendo las piernas me invitas y me guías a la puerta de tu Edén. Cuando voy a hacer un ademán para moverme detienes mi impulso con un susurro: "shhhh, sólo sígueme", y eres tú la que se frota a lo largo de mi polla, la empapas con tus jugos mientras mis manos aprietan tus tetas, y juegan con tus pezones que rivalizan con el acero, y nuestras lenguas se retuercen y entrelazan. Notas los labios de tu coñito cada vez más hinchados y cómo se entreabren cada vez más al frotarte contra mi polla, hasta que con un movimiento de tu cadera te ensartas la cabeza y empujando contra mí la sientes deslizarse hasta que desaparece toda dentro de ti. Empujando las manos contra la ventana, marcas el ritmo a tus caderas para que en un continuo vaivén tu coño se vacíe para a continuación sentir como sus paredes se dilatan, se abrazan y se rozan con mi polla hasta sentirte llena de nuevo. Hasta que una ola de calor y frío recorre tu cuerpo, te sientes chorrear y palpitar sin control, y todo tu cuerpo se estremece hasta casi quedar sin fuerzas en las piernas. Apenas alcanzo a sostenerte por la cintura para dejarnos caer sobre la cama...
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-- Sobre tu cuerpo --
Publicado en:3 Febrero 2021 11:55 pm
Última actualización en:28 Febrero 2021 5:02 am
2866 vistas

-- Sobre tu cuerpo --

Cuando todavía muy de mañana abrí los ojos, tus ojos todavía estaban cerrados y una expresión relajada, de tranquilidad absoluta, cubría tu rostro. Tu cuerpo desnudo, tendido junto al mío, parecía seguir en la misma postura en que había caído derrotado de cansancio la noche anterior, de medio lado, un brazo bajo tu cabeza y el otro abrazando tus pechos como si acunaras a un bebe, una pierna estirada casi queriendo escapar de la cama, y la otra flexionada marcando la línea de tu cadera.

Algún rayo de luz se colaba ya por la ventana y se dibujaban caprichosos senderos sobre tu cuerpo, pintando luces y sombras con delicadeza y sublime intensidad que mi mirada recorría con deseo, y mis manos atraídas sin remedio por ese dulce resplandor y los contrastes se estiraban y se extendían hasta alcanzar tu cuerpo. Muy delicadas, casi levitando sobre tu piel, dibujaban tu rostro, delineaban tus cejas y los parpados plácidamente cerrados, el dorso de la mano se deslizaba sobre tus pómulos arrastrando los dedos tras de sí, rozando tu nariz, tus labios, antes de dejarse tentar por la exploración de los sinuosos caminos que la luz pintaba sobre tu cuerpo. Bajando desde tu hombro, amoldada al costado de tu cuerpo, se deslizaba acariciando la espalda con las yemas de los dedos hasta llegar a tu cintura, y virando tus caderas recorrer tus piernas, asir el muslo con la mano abierta hasta casi cerrarse sobre el tobillo. Y desde ahí desandar el camino, abusando de su condición de exploradoras recorrían y abrazaban la pierna con las dos manos, torneando el muslo entre mis dedos hasta llegar a las caderas, donde me atrapaba la voluptuosidad de tus nalgas que intentaba abarcar con las dos manos hasta que me reclamaba la otra pierna huérfana de caricias hasta volver a quedar atrapado por la mágica redondez de tus nalgas.

Tu cuerpo no quería escapar de la duermevela pero inconscientemente se sentía deseado y se dejaba querer, se acomodaba y me entregaba toda su desnudez. Y abrazando tu cuerpo, mis manos recorrieron tu vientre en infinitos círculos hasta sentir que las yemas de mis dedos dibujaban la curva sinuosa de tus pechos, y entonces buscaba el cambio de textura, que se vuelve más abrupta cuando el pezón caprichoso se siente dibujado por la mano ajena que tanto te desea. Sentía como tus pechos llenaban mis manos, los acariciaba y amasaba dulcemente, y sentía los pezones enardecidos por la excitación que ya recorría tu cuerpo y llamaba a tu mente. No abrías los ojos, apenas dejabas que sintiera tu respiración ligeramente más profunda, pero apretaste tu espalda contra mi pecho cuando mi mano descendía por tu vientre hasta sentir el cosquilleo de tu vello, y por un instante se tensaron tus músculos cuando mi mano cubrió todo tu pubis y se impregnó del rocío que destila tu preciosa flor. Un suspiró que escapo de tus labios fue la señal para estrechar tu cuerpo contra el mío con más intensidad, y que mis manos perdieran el temor a despertar tu sueño y solo soñaran con despertar todos tus deseos y hacer brotar tu placer.

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-- Musa Bonita --
Publicado en:26 Enero 2021 6:33 am
Última actualización en:15 Marzo 2021 3:47 am
3706 vistas

-- Musa Bonita --

Solo con leerte está uno obligado a acogerte por derecho propio en el Olimpo de las musas.
Todas esas palabras cargadas de sensaciones, sentimientos, deseo, son una perenne inspiración para cualquiera que te lea, y yo no soy menos.

Tus palabras no son la barrera ni la muralla que te protege, ni tampoco una trinchera en la que acurrucarse y esconderse, sino un faro con el que tu luz nos ilumina a los que estamos en derredor. Son una declaración; una declaración de la mujer que eres, una declaración de la mujer que siente, una declaración de la mujer que desea, una declaración de la mujer que extraña. Una mujer en cuerpo y alma, que se quiere y disfruta pero a la que también le duele la ausencia y el vacío cuando se hace presente. Una mujer femenina, apasionada, que disfruta de cada momento y cada detalle, rebosante de erotismo y que es una seductora de mentes, almas y sí también cuerpos. Y un alma cargada de poesía y sensualidad. Y la intriga y el misterio de tu cuerpo, de una mirada oculta, que solo con la sinuosa línea de tus caderas cautiva a quien te ve. Pero acaso no hay nada más erótico que una musa misteriosa.

Palabras que son una declaración de intenciones para el destinatario de tus palabras que uno sueña ser, ese caballero galante que tiene ganado tu corazón, tu mente, tu alma y hasta tu cuerpo lleno de deseo, ese caballero andante que se entregara en una y mil aventuras por ganar tu atención.

Musa Bonita y misteriosa, musa erudita, déjame ser tu caballero.

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A la musa despechada
Publicado en:22 Enero 2021 3:28 pm
Última actualización en:1 Febrero 2021 5:45 pm
4232 vistas

En los comentarios de su publicación [post 4372151] decía Bonita_Bet, cuyo blog recomiendo a cualquiera que pase por aquí, "no importa mientras que su musa no se enoje.." Y yo le contestaba Sería una mala musa, y no debiera enojarse, si lo hermoso que inspiro sirvió de inspiración a otras.. De pronto esto me ha hecho recordar algo que escribí hace tiempo.

-- A la musa enojada (despechada) --

¿Puede una musa negarse a seguir inspirando?
Cuando ha sido, sigue siendo, fuente constante de inspiración, de deseo, de admiración, puede acaso decidir que llegó el final y no hay más camino para recorrer juntos. Puede esconderse, puede apartarse, puede rechazar, pero puede acaso apagar la mente que inspira.

Desde el rechazo, el desdén, creará una herida, causará dolor, profundo dolor, pero esa será una herida que encienda aún más él recuerdo y la inspiración. Despertará sentimientos más profundos, reales e ideales a un mismo tiempo. Y tanto mayor serán cuanto más irreal e injusta se sienta la causa que lo provocó.
Es este un mar lleno de sirenas tentadoras. Sirenas entonando su canto, que atraerán la mirada e incluso arrancarán palabras para unirse al canto, pues el poeta oye música y canta sus palabras al compas de la música, pero cual Odiseo amarrado al mástil permanecerá fiel a su rumbo marcado por el hechizo de su Musa. Y son esas sirenas las que engrandecen a la Musa, a la hechicera, pues superada la tormenta de los cantos que alteraban la brújula que marca el rumbo y amenazaban con perder el rumbo, armados de nuevo los aparejos, con el solo recuerdo de su musa el piloto recompone el rumbo alterado, y espera en cada amanecer la visión de su musa, que traerá un hechizo que hinche las velas y empuje la nave a seguir navegando por un sin rumbo que sólo conduce al destino que su musa construye cada día. El poeta, el piloto, Odiseo, trinidad del hechizado, sueñan cada día con arribar a su Ítaca, puerto donde las palabras se hacen realidad, sin saber que sólo ella tiene el don de hacer real destino. Y mientras, el viaje es siempre fecundo y seductor, fecundo en imágenes, en palabras, en deseos...

¿Y si quedan abandonados sin rumbo? Pondrá la nave al pairo, elevaran sus palabras al viento para que las lleve a su destino, a su musa. Si no hallan respuesta, harán de su desdicha la fuerza, la trinidad se hará uno, más fuerte, y vagará, navegará, eternamente buscando en cada amanecer el hechizo que no llega. Y con su recuerdo, más fuerte e inspirador si cabe, con su recuerdo construirá un rumbo en cada amanecer, que le guie en su camino para reencontrar a la musa que nunca creerán perdida, o incluso al puerto de la ansiada Ítaca. Quizás cante otras canciones, quizás componga con otras palabras, pero siempre encontrará que un fuego fatuo se encenderá aquí y allá en su interior para recomponer el rumbo como hacía antes su musa.

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-- Tu espalda --
Publicado en:20 Enero 2021 6:49 am
Última actualización en:15 Marzo 2021 3:45 am
4395 vistas

-- Tu espalda --

Abro el grifo, cierro lo ojos y dejo caer el agua sobre mi cabeza, ese gesto tan común que hacemos todas las mañanas que se supone nos sirve para regresar del mundo de los sueños pero que desde hace un tiempo me lleva a tu lado. Mientras con gestos mecánicos me enjabono con los ojos cerrados mi mente me transporta a tu lado, en realidad a tu espalda...

Apoyas tus manos sobre las mías en tus caderas, sientes mis labios en tu cuello y encaramada en los zapatos de tacón tus piernas parecen bailar y hacer equilibrios mientras te retuerces y ronroneas como una gatita mimosa, pegando tu espalda contra mí. Me inundo de tu dulce perfume según recorro tu cuello, desde tu hombro hasta tu oreja, atrapo el lóbulo entre mis labios y lo voy soltando muy despacio a la vez que lo acaricio con mi lengua que paseo luego por tu nuca después mientras sujeto en mi mano tu cabello en una improvisada coleta. Eres tú la que lleva la mano a la cremallera del vestido cuando, después de un suave mordisco, un placentero escalofrío recorre tu espalda y eriza tu piel, y siguiendo tu impulso soy yo el que baja lentamente la cremarella y empuja el vestido hasta tus caderas hasta dejar tu espalda desnuda.

Mis manos recorren tu espalda y te abrazan para adueñarse de tus pechos. Tú te inclinas ligeramente y a la vez que tus pechos se vierten en mis manos, noto como aprietas tus nalgas contra mi entrepierna mientras empujas el vestido que termina de caer al suelo cuando cimbreas cadera y piernas como un junco mecido por el viento. Avanzas un paso saltando sobre el vestido, y en la inercia del movimiento te tomo de las manos y las levanto hasta que alcanzas la pared. Sientes mi boca en tu cuello, mi pecho en tu espalda, y mis manos en tus nalgas deslizando los dedos bajo la tela de la braguita humedecida que hacen a un lado. Y te sorprendes cuando sin esperarlo sientes mi verga rozándose contra los labios de tu coñito mojado, que se entreabren cuando nuestras caderas comienzan a ondular en una asincronía que te va llenando toda. Giras tu cara y se buscan nuestras bocas, nuestras lenguas, y dejo que tu cuerpo felino sea el que marque tu ritmo acompasando una segunda ola en mis caderas. "Más" me dices de pronto, "te quiero sentir, más adentro" repites, y sin separarnos nos movemos hasta que caes sobre el reposabrazos del sillón, con la visión de tu maravilloso culo en pompa, apoyada en tus tacones, abres más las piernas para sentirme llegar bien dentro de ti. Mis manos recorren tu espalda y se agarran a tus caderas, para que en cada golpe de ariete me sientas llegar un poco más a ti. Y te aprietas contra mí, pegas tus nalgas a mis caderas, y tus gemidos coinciden con el roce de tus pezones contra el asiento del sillón cada vez que tu cuerpo se siente llenar de deseo, de pasión, de verga...

...antes de poder salir de la ducha, tengo que volver a enjabonarme y aclararme con un chorro de agua fría que me permita no pensarte por un rato y cumplir esas dichosas obligaciones de todos los días.

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