Parejas liberales y swingers
HISTORIAS QUE PUEDEN SER
 
Deseo contar algunas historias que quizas sucedieron, o quizas puedan suceder
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La cita - cuarta parte
Publicado en:8 Noviembre 2020 12:23 am
Última actualización en:14 Noviembre 2020 9:03 pm
83 vistas

Como si ella supiese que estaba admirando su tesoro, separo más las piernas, para facilitarme la visión. La piel tersa y blanca de sus muslos resaltaba en contraste con el color negro traslucido de sus bragas, y en medio más oscuro aún estaba su coño, con esos labios que presagiaban horas de auténtica locura y placer. Brillaban ligeramente en la contraluz, porque ella estaba bastante excitada y mojada, tanto que había empezado a salirse por su deliciosa rajita.

El olor de su sexo inundaba mi rostro, el brillo de sus labios atraía poderosamente mi mirada. Deslice mis manos por sus piernas, acariciando sus medias, ascendiendo por sus prietos muslos, mis manos temblaban de la emoción, de la excitación que me provocaba su exuberante cuerpo, del deseo que había encendido su xixi ardiente.

Agarre sus suaves nalgas con ambas manos y hundí mi rostro entre sus piernas. Sentía el calor que desprendía su cuerpo a través de esas finas braguitas, y note como sus labios húmedos mojaban mi cara. Al sentirme aplastado contra su pubis, ella empujo con sus caderas para que nuestro contacto fuese mas intenso aun si fuese posible.

Fui besando sus hermosos labios vaginales, esos tan bien definidos y tan oscuritos que me habían vuelto loco nada mas verlos al comienzo de la velada. Con suaves y ligeros besitos fui delimitando todo su contorno, recorriendo de arriba a abajo la entrada de su coñito precioso. Note por primera vez el sabor de sus jugos, y me pareció un manjar de dioses, y mi polla reacciono a ese delicioso sabor poniéndose mas dura aun si cabe. Mi lengua salió disparada de mi boca, para rozar la suave piel de su pubis, y lentamente empezar a lamerle. presionando ligeramente lo justo para aplastar esos labios que esta vez estaban mojados pero por mi saliva.

Ella encorvo su espalda, para ofrecérseme mejor, y mi lengua aprovecho el movimiento para introducirse en su xixi, acariciando lentamente las paredes interiores de su vagina. Su rico sabor inundaba mi paladar, y mi lengua empezó a moverse frenéticamente dentro de ella. Entrando y saliendo, de un lado a otro, recorriéndola enterita, haciéndola gemir quedamente, ya que intentaba contener esos gemidos que yo le provocaba al follármela con mi lengua.

Yo estaba loco de deseo y mi lengua se movía ferozmente dentro de ella. Quería metérsela hasta el fondo y para ello aplastaba mi rostro aun mas contra sus caderas. Ella temblaba de placer y yo la sujetaba agarrando bien fuerte sus nalgas, clavando mis dedos en ellas para atraer todo su cuerpo contra mi cara. Ya gemía descaradamente sin intentar contenerse, y esos gemidos fuertes que yo oía me provocaban que quisiese darle mas placer.

Como disfrutaba comiéndole el xixi, dándole lengüetazos salvajes y desesperados de un lado a otro de su vagina, notando como su cavidad se iba llenando de una deliciosa mezcla de sus líquidos y mi saliva. Y estos jugos pasaban de su caliente coño a mi boca, estaba ya tan mojada que apenas podía tragarme todo lo que su xixi me daba, ahogándome de placer en sus líquidos.

Separe mi rostro de ella, mis manos agarraron la ranura de su braguita y de un fuerte tirón desgarre completamente la fina tela. Tenia delante de mi el mas excitante paisaje, su pubis totalmente rasurado, sus blancos muslos empapaditos de la conjunción de mi saliva y sus líquidos, y esos labios oscuritos ligeramente abiertos, con un ligero temblor por la excitación Veía como por entre ellos se colaba un pequeño caudal desbordando desde el interior de su xixi. Coloque mis manos en su pubis y abrí con mis dedos sus labios, descubriendo el color rosado e intenso de su vagina. Estaba completamente mojado y veía el hueco como se abría y cerraba, ya que ella estaba contrayéndolo. No podía imaginar mejor visión, su coño abierto para mi, todo el de un rosa fuerte, completamente húmedo y caliente, los labios oscuros realmente empapados y brillando, su pubis y muslos blancos como la nieve cerraban tan hermoso paisaje.

Y en medio de tanta hermosura allí estaba su clítoris, de un color rosa ligeramente mas apagado que lo hacia sobresalir de tanta belleza. No pude resistir la tentación y mi lengua se introduzco entre sus labios y fue en busca de su botoncito. Lo rodee con la puntita, hasta que le di el primer lametón, y me lo encontré tan duro e hinchado, mmmmm, haciendo que ella gritase y gimiera a viva voz. Recorrí su pequeña longitud que a mi me pareció enorme, notando lo caliente que estaba, y como al roce de mi lengua se endurecía aun mas. Lo lamia todito, golpeando de vez en cuando con mi lengua su punta, y cada vez que llegaba al final de su clítoris y cuando el lametón era mas fuerte y duro, ella gritaba de placer, agarrándome del pelo y tirando de él para poder sujetarse. Separaba sus caderas, y luego las empujaba hacia mi, para que mi boca no dejase de producirla placer.

Abrí mi boca, y atrape entre mis labios su durísimo clítoris, y empecé a succionarlo. Aumentado la presión mientras mi lengua no dejaba de acariciarlo, lametearlo, golpearlo y conseguí que se hinchase mas dentro de mi boca. Sus gemidos, sus gritos hacían que me encendiese mas y mas y no desease dejar de comérselo.

Yo estaba gozando como nunca, masturbando su clítoris con mi lengua, sintiendo como esta mujer tan sexual estaba disfrutando. Todo su cuerpo se puso en tensión, y exploto de nuevo. Corriéndose salvajemente, como un rio desbordándose Empapando completamente mi barbilla y mojando mi pecho con ese caudal inagotable que salía de su xixi. Me mojo entero con esos líquidos trasparentes, calientes y tan ricamente olorosos. Le salían a borbotones ya que yo tenia bien separaditos sus labios vaginales, cada vez que ella temblaba me rociaba con una nueva ducha, y como temblaba, madre mía.

Estuvo dos tres minutos temblando sin parar, al principio salvajemente, y así salía su chorro disparado con tanta presión Poco a poco eran menos intensos sus convulsiones, pero no dejaba de salir esos líquidos tan preciados en cada una de ellas, con menos fuerza pero igual de caudal. A los tres minutos apenas tenia fuerzas para moverse, pero aun así yo veía como después de cada ligero movimiento, del interior de su vagina, salía un pequeño reguero, que iba goteando poco a poco, y que mi lengua se afanaba en recoger para introducir en mi boca.

......................................
esta quedando bastante larguito el relato, jajajajaja
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La cita tercera parte
Publicado en:7 Noviembre 2020 12:00 pm
Última actualización en:15 Noviembre 2020 8:47 pm
72 vistas

Había leído en mi mirada, todos esos sentimientos abrasadores que me despertaba en mí. Ella abrió ligeramente sus labios invitándome a besarla mientras cerraba sus hermosos ojos oscuros.
Acerque mi rostro al de ella, respirando profundamente, moviendo con mi respiración los mechones de su pelo azabache, que ocultaban ligeramente su hermoso rostro. Sintió mi aliento y entreabrió aún más sus sensuales labios. Toqué ligeramente con la punta de mi nariz su carnoso labio superior, y aspiré hondamente su aliento. Giré mi cabeza y la olí en el cuello. Seguí moviéndome y aspiré su clavícula. Ella no se esperaba eso, pero lanzo un pequeño gemido de sorpresa y placer.
No la tocaba para nada, pero mi respiración fuerte, jadeante, ansiosa le iba anticipando mi recorrido olfativo. Llegue hasta el canalillo de sus senos, ohhhh que rico olía. Notaba como sus pechos subían y bajaban por la excitación que iba provocándola. Aspire cuatro, cinco veces su escote, como me excitaba, que delicioso aroma desprendía, a mujer, a deseo, a necesidad, a ganas de gozar y hacer gozar, era pura sexualidad.
Llegue hasta sus pezones, que por debajo del bustier se le marcaban totalmente duros. Tanto apretaban la tela que hasta se perfilaban sus enormes aureolas, dignas de unos pechos tan hermosos y acorde al tamaño de sus dos pezones grandes y gruesos. Entre las transparencias se intuían bastante oscuros, más oscuros aún que cuando había entrevisto anteriormente el color de sus labios vaginales. Que hermoso contraste producían sobre la piel tan blanca de sus ricos pechos. No pude resistirme y mi lengua salió disparada hacia la punta de su pezón, dándole un lametón rápido y fuerte, que tuvo su respuesta inmediata en su cuerpo, ella gimiendo de placer, y alzando su busto por la sorpresa. Repetí el lametón en el otro pezón, con idéntica respuesta por parte de su cuerpo, aunque esta vez el gemido fue más fuerte y más duradero.
Seguía bajando, recorriendo con mi olfato, ese cuerpo de infarto que tenía ante mí. Note como jadeaba más rápido, casi podía oír su corazón palpitando fuertemente. Intentaba mantenerse firme, pero se retorcía ligeramente como una gatita ronroneando, o como la tigresa que estaba hecha. Gemía suavemente, entrecortadamente, alargando alguno que otro, era su forma de darme a entender que le gustaba lo que le estaba haciendo, que estaba teniendo el efecto de subir su temperatura y elevarle las ganas.
Llegué a su ombligo, metiendo mi nariz en él y hundí mi rostro contra su tripita. Mmmmmm. Respire su delicioso aroma una vez más, que rico olor inundaba mis fosas nasales. Y mi cara notaba el vaivén de su panza provocado por su agitada respiración.
Yo quería más, ardía de deseo por esta mujer. Y en mi placentero descenso por sus curvas me acercaba cada vez más al pozo de placer que me esperaba entre sus piernas.
Roce con mi nariz la gomita de su braguita negra y traslucida. Y reaccionó poniéndose de puntillas, adelantando sus caderas, como ofreciéndome su tesoro escondido. Ahhhhhh, suspire larga y profundamente, haciendo que mi aliento se metiese por la ranura de las bragas, dándole de lleno en su xixi. Sus labios vaginales temblaron ligeramente de placer, elevo y adelanto aún más las caderas por un instante y se dejó caer, manteniendo a duras penas la verticalidad.
Allí estaba, a menos de un palmo de mi cara, asomando por la ranura de esa braguita. Tenía ante mí su tesoro más oculto, pero a la vez el más delicioso que podría imaginarme. No podía acercarme aun a él, quería deleitarme mirándolo, siguiendo la línea que marcaban sus perfilados labios vaginales, no eran ni finos ni gruesos, para mi eran perfectos, y asi se lo hice saber. Al oir mi voz hablando sobre su xixi, ella gimió largamente. Recree mi vista paseándola por todo su pubis, entreviéndolo totalmente rasurado a través de la tela de su braguita, pero irremediablemente mis ojos acababan siempre en la ranura de la tela, más concretamente en lo que asomaba por ella, esos labios que prometían un largo, inmenso y prolongado placer.

……….
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La cita segunda parte
Publicado en:6 Noviembre 2020 12:50 pm
Última actualización en:13 Noviembre 2020 10:34 pm
164 vistas

Me dejo sin respiración, quieto como una estatua. Solo era capaz de mirarla, y lo que veía me atrapaba, esos ojos brillando morbosamente, esa sonrisa pícara que me ofrecía. Haber sentido su cálido y sensual aliento en mi oreja, su respiración lenta y pausada golpeando mi cuello, el aroma de su perfume inundando mis fosas nasales, el calor que irradiaba su cuerpo junto al mio, todo eso me había embotado mis sentidos. No veía nada a mi alrededor, no sentía la música del bar, solo estaba ella.
Guiñándome un ojo, y sonriendo como solo ella sabía hacer se volvió a subir a la banqueta, haciendo que su falda se subiese muchísimo más que anteriormente, dejando al descubierto más de tres cuartos de esos muslazos que tenía. Yo no podía resistir desviar mi vista hacia sus piernas, y ella jugaba a separar ligeramente sus muslos cada vez que notaba que yo miraba hacia abajo. Y cada vez que las separadas esa falda subía un poquito más y a mí me encendía un poquito más.
Visto su juego, yo ya miraba hacia abajo sin ningún disimulo reteniendo bastante la mirada, deleitándome con cada nuevo milímetro de sus hermosas piernas que iba quedando al descubierto con sus muy bien estudiados movimientos. Era una provocadora y sabía muy bien hacerlo.
Puse mis manos en sus rodillas y cada vez que ella las abría ligeramente para hacer que su falda subiese, yo la ayudaba abriéndolas un poquito más de lo que ella quería. Y así iba deslizándose lentamente pero deliciosamente la falda hacia arriba y yo iba gozando de tan hermoso espectáculo como era la piel de sus muslos.
Llego el momento que vislumbre sus ingles, ella lo debió de notar por el fuego que empezó a salir de mi mirada, o porque me quede sin respirar unos instantes, e intento cerrar de nuevo sus piernas, pero la retuve, forzando con mis manos a que siguiese abierta. Estaba depilada enterita, y tenía unos labios vaginales muy bien perfilados, de un tono ligeramente más oscuro que el resto de su pubis. Qué maravillosa visión me había permitido observar, que deseo más inmenso me invadió de poder acariciarlo, de poder besarlo, de poder lamerlo, de poder comérmelo.
Ella seguía apretando sus muslos para intentar cerrarlos, y yo con cierta reticencia la deje hacerlo. En un gesto de fingida timidez ella se arregló la falda bajándola hasta casi las rodillas. Pero sus ojos, su boca, su respiración, y su cuerpo decían otra cosa. Quería más y quería que yo se lo diese.
Me coloque enfrente de ella, y mis manos se introdujeron bajo la tela de su falda, y empezamos el juego de yo intentar separarle las piernas y ella de oponer resistencia. Cada vez que conseguía que se abriesen un poquito dejábamos de forcejear y yo avanzaba ligeramente hacia ella. Nos gustaba ese juego, se podía notar en nuestras miradas, en cómo se alteraba un poco nuestra respiración en cada pequeño forcejeo. Yo disfrutaba de su oposición y ella gozaba resistiéndose a mí, aunque cada pequeña victoria que me concedía, sus ojos se estrechaban ligeramente, mostrándome como su excitación crecía lentamente en su interior.
Y lentamente, en esta excitante pelea, iba subiendo poquito a poco mis manos por sus muslos, acercando de igual manera mi cuerpo al suyo.
Hasta que mis dedos pulgares llegaron hasta sus ingles, esa zona de piel tan suave que une el muslo con el pubis. Ella se quedó quieta al sentir mi contacto allí, no intento cerrar sus piernas. Y yo deslice ambos pulgares de arriba abajo acariciando suavemente esa tersa piel, el punto de partida del camino hacia su tesoro. Que delicioso sentí en las yemas de mis dedos, esa piel tan tersa y suave, además sentía el calor que desprendía su cuerpo, ya que estábamos completamente pegados, pero aun sentía más calor en mis manos, el calor intenso que desprendía su sexo.
Estábamos en un lugar público, en el bar, y aunque nos excitaba muchísimo la situación de que alguien nos pudiese ver jugar, que alguien pudiese oír bajo el sonido de la música nuestros ligeros jadeos, no queríamos acabar allí, ni tampoco deseábamos dejar de explorar nuestros cuerpos. Así que pagamos la cuenta y salimos para coger mi moto e irnos a su casa.
Cuando se subió de paquete, su falda se deslizo hasta bien arriba dejando al descubierto la totalidad de sus muslos. Yo le apreté una pierna diciéndole que se sujetase fuerte, ella con una sonrisa debajo de la visera del casco me contesto que no me preocupase, y se coló bien moviendo el trasero hacia atrás, y riéndose pícaramente dirigió su vista hacia el sillín, y siguiendo su vista vi como había empapado de sus líquidos el cuero del asiento, entonces recordé que yo tenía sus braguitas azules en el bolsillo de mi pantalón, esas que ella misma se había quitado y me había entregado a mí.
Se revolvió encima de la moto y se sujetó a mí, agarrándome el paquete, tenía donde agarrarse ya que yo iba totalmente empalmado de todo lo que había pasado dentro del bar, y de ver el resultado de ello allí mismo, brillando sobre el cuero del asiento.
Llegamos en pocos minutos ya que vivía bastante cerca, y yo iba tan encendido que retorcí el acelerado de mi moto, imaginando que retorcía los pezones que había intuido erectos debajo de su blusa.
En el ascensor pegó su trasero contra mi cuerpo, mientras mis manos recorrían el costado de su exuberante cuerpo. Ella me rechazaba diciéndome que había cámaras de seguridad en el ascensor y que no quería dejarle un bonito espectáculo al de seguridad, pero cada vez que me rechazaba y apartaba mis manos de sus curvas, se removía y restregaba contra mi cuerpo. Era mala, sabia como provocar y encender a un hombre, y a mí me tenía a mil por hora.
Me agarró del cinturón, me sacó del ascensor y me arrastró hasta su apartamento.
Me pidió que preparase un par de copas, mientras ella iba a arreglarse el pelo, que el casco y el aire había despeinado su ya de por si rebelde melena morena.
Llené un par de copas de vino, encendí el equipo de música, pero he de reconocer que no se música sonaba, ya que mi mente estaba totalmente abstraída rememorando todos los sucesos de esa noche.
Recordaba su sexy caminar hacia el baño, como su pelazo se bamboleaba siguiendo el ritmo de esas caderas que quitan el sentido. Como quitarse de la cabeza el momento que abrí mis dedos y vi entre mis manos su braguita cálida y ligeramente húmeda. Ufffff cuando vi por primera vez los secretos de su tesoro, toda depilada, esos labios oscuros y tan bien delimitados. Y mi polla reventaba de presión, rememorando cuando jugando toque su sexo, ese calor que desprendía bajo mis caricias.
En ese momento me llamó, me gire desprevenido y la ví. Recortada contra el marco de la puerta, con la luz detrás delimitando su sensual figura a contraluz. Se había puesto un bustier de encaje floral y tul negro. Medias negras en sus sensuales muslos. Y unas braguitas negras translucidas, que con el contraluz que había, dejaban ver que, ohhh maravillosa visión, dejaban ver que tenía una ranura que permitía que sus labios vaginales quedasen totalmente al descubierto. Estaba mirando a una diosa hecha carne, sexy, exuberante, provocadora, golosa, cachonda, y estaba allí al alcance de mi mano.
Me acerque a ella, recorriéndola con mi vista de arriba abajo, para finalmente clavar mis ojos lujuriosos en su hermoso rostro, concentrándome en su mirada, para que ella se hundiese en mis ojos y sintiese con total convicción que ella era mía y que había despertado en mí una pasión como ninguna otra, que ella era la única mujer en el mundo que me atraía, que me excitaba, que me encendía, que provoca con su sola presencia mis instintos más ardientes.

........
continuara si sigue gustando
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La cita
Publicado en:6 Noviembre 2020 3:09 am
Última actualización en:7 Noviembre 2020 10:49 pm
231 vistas

Nos conocíamos desde haci­a algunos años, habíamos tenido una relación bastante cordial, nada especial, pero nos caíamos bien.

Pero perdimos el contacto por un tiempo, y un buen día volvimos a coincidir y retomar el contacto que habíamos tenido.

Quedamos un día, para tomar una copa y seguir conociéndonos.

El bar no estaba muy lleno, aun así, todos los asientos estaban ocupados, pero encontramos un hueco en una esquina de la barra. La música estaba demasiado alta, por lo que para poder hablar teníamos que acercarnos el uno al otro.

La conversación era amena y divertida, nos contábamos de nosotros de cómo nos había ido, alguna que otra anécdota y diversas tonterías más.

Por suerte se quedó libre una banqueta y yo gentilmente se la cedi a ella. Al subirse a ella su falda resbaló hacia arriba, dejando a la vista una pequeña parte de sus muslos.

Seguimos conversando y cada vez que uno hablaba se acercaba al otro, provocando el roce inconsciente de sus muslos desnudos contra mi cadera, o contra mi entrepierna. Yo sí que los notaba, pero no le di mayor importancia, ya que ella aparentaba que no los notase de tan casuales que eran.

En un momento dado, una gota de condensación de mi vaso, cayó sobre su pierna, quedándose brillando sobre la hermosa piel de su muslo. Pose mi mano en su pierna para limpiarla y he de reconocer que tarde más de lo necesario en retirarla. La miré a los ojos mientras mi mano se entretenía sobre su muslo, y en vez de ver molestia, detecte un brillo en ellos, y sus hermosos labios se tornaban en una ligera sonrisa que decían mucho.

Seguimos charlando animadamente, aunque yo de vez en cuando dejaba descansar casualmente mi mano sobre sus muslos, a ella parecía no importarle, es más cuando ella se acercaba a mí, apretaba su pierna contra mi entrepierna, dejándola allí unos segundos más de que el resto de su cuerpo se retirase para acomodarse bien.

Eso me dio pie a pedirle una cosa, acercándome muchísimo a su oído, para susurrarle suavemente: "œquiero que te quites las bragas y me las des".

Ella se giró muy despacio hacia mí, sus ojos brillaban y tenía una preciosa sonrisa dibujada en su boca. Y sin decirme nada se levantó de la banqueta y se fue muy despacio. Yo la seguí con mi vista, pensando que iba a ser la última vez que la viese, intenté aprenderme cada curva de su sensual cuerpo, el movimiento de sus caderas al andar, el ondular de su salvaje melena negra. La había perdido.

Volvió a los pocos minutos, se había ido al baño. Yo recupere la esperanza al ver que no le había molestado tanto mi comentario. Al llegar a mí, me tendió la mano, yo mire esa mano y la mire a ella extrañado, y me devolvió la misma enigmática sonrisa. Al tomar su mano, noté que depositaba algo en la mía, y al abrir ligeramente los dedos, descubrí que me había entregado sus bragas. Eran unas pequeñas bragas azules, finas con unos encajes de pedrería diminutos. Yo sentía en la palma de mi mano la suavidad de aquella tela, y curiosamente noté como aun retenía un poco del calor de su cuerpo.

Discretamente las revolví entre mis dedos, mirando embelesado esa prenda tan íntima que me había entregado, jugando con ella entre mis yemas, y observé una pequeña mancha húmeda sobre la tela, recolocando sutilmente la braguita, vi que esa manchita estaba justo donde debía estar su coño. Estaba yo tan concentrado en esa mancha, cuando sentí su cálido aliento en mi oído, con todo su cuerpo bien pegado a mí, y me dijo, "esa mancha, la has provocado tú, cuando me has ordenado que me las quitase y te las diese, mi xixi se ha mojado inmediatamente"
.......

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